13 novembre 2005

Eric Geoffroy, L’Islam et l’Abrahamisme, (note de lectura)

Article publié sur www.religioperennis.com
Le Coran est le point terminal de la Révélation pour cette humanité. Maints récits bibliques y sont relatés de façon condensée et allusive.
L’épisode du sacrifice d’Abraham est évoqué dans la sourate 37. L’enfait qui devait être sacrifié est le symbole de l’âme. Ainsi, Dieu avait demandé à Abraham d’immoler son “moi” – afin d’être investi de l’intimité divine, Abraham doit vider son cœur de tout attachement aux créatures. L’épisode du sacrifice est suivi par la destruction de toutes les idoles.
Le Coran ne mentionne pas si le fils est Ismaël (père des Arabes) ou Isaac (père des Juifs). Les commentateurs islamiques ont partagé leurs opinions quant à ce sujet.
La commémoration du sacrifice d'Abraham, actualisée chaque année par le sacrifice d'animaux, est devenue la " grande fête " (al-‘îd al-kabîr) des musulmans, célébrée le 10 de Dhû l-Hijja, mois du Pèlerinage.


Read more!

Charles Upton, El sistema del Anticristo y el 11 septiembre, (extracto)

La Globalización y el Gobierno Mundial no son, en mi opinión, el Sistema del Anticristo, aunque se cuenten entre los factores que harán dicho régimen posible. Creo que el sistema del Anticristo emergerá -está, de hecho, emergiendo- del conflicto entre el Nuevo Orden Mundial y el abanico de reacciones militantes contra él.

En la época de Jesús, el Gobierno Mundial era el Imperio Romano. Los zelotes eran los revolucionarios antirromanos. Jesús tuvo cuidado de no hacer declaraciones que pudieran comprometer la causa de los zelotes y hacerle aparecer como colaborador de los romanos, pero también se relacionó con centuriones y agentes de Roma, como los recaudadores de impuestos judíos, escandalizando a muchos patriotas hebreos. Surgió del pueblo llano, oprimido tanto por Roma como por las clases dominantes coloniales judías que hacían el trabajo sucio a ésta, y denunció a esos sectores -escribas, fariseos, saduceos y herodianos- que hacían causa común con el Imperio, en tanto no dijo una palabra contra los zelotes y los esenios. Pero no se identificó con la "vanguardia" violenta que actuaba en nombre del pueblo. Podemos decir, por tanto, que, por las mismas razones que Cristo evitó ser identificado tanto con el Imperio Romano como con sus oponentes activos, deberíamos ser cuidadosos y no identificar estrictamente al Anticristo ni con el Gobierno Mundial ni con el terrorismo antiglobalista. Ambos proporcionarán el escenario del que emergerá; pero, tal como Cristo evitó ser reivindicado por ningún partido porque su misión redime no sólo a los judíos, sino a toda la humanidad, el Anticristo, para edificar su poder sobre todos los aspectos del alma humana, en los últimos días "jugará en ambos lados contra el centro". El Anticristo, en otras palabras, no es principalmente enemigo de la democracia o la independencia nacional, sino de la humanidad en sí, considerada como creada a imagen y semejanza de Dios. En su más profunda esencia, la batalla entre Cristo y el Anticristo no es entre libertad y tiranía (aunque el Anticristo no pueda entrar allá donde existe la verdadera libertad), ni entre los cuerpos religiosos tradicionales y la sociedad secular (aunque el campo de este conflicto pueda, al menos en algunos casos, estar más próximo a la guerra real), sino entre la sagrada presencia de Dios en el corazón humano y la sacrílega violación de esa presencia: "Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel, erigida en el Lugar Santo (el que lea, que entienda), entonces, los que están en Judea, huyan a los montes..." (Mt 24: 15-16).

Al socavar y comprometer a todas las formas religiosas, la globalización se halla en vías de destruir todas las culturas tradicionales y nacionales. Pero oponerse sin más a todo plan y acción a escala global resulta también problemático. La irónica verdad es que, puesto que tenemos el globalismo, necesitamos globalismo. Si el negocio es internacional, las uniones deben también ser internacionales, o los salarios podrían eventualmente descender en todas partes por debajo del nivel de subsistencia. Si las epidemias son globales, los programas de sanidad pública deben cruzar las fronteras nacionales. Si la contaminación es global, los esfuerzos para limitarla deben ser globales. Si el crimen es global, la policía debe serlo también. Si las naciones "emergentes" y las bandas terroristas desarrollan armas de destrucción masiva, deben hacerse intentos para limitar su proliferación. No tenemos otra elección que tratar de gobernar la tierra a escala planetaria. Pero la lucha para conseguirlo está produciendo resultados ambiguos. Si, para consolidar su dominio, los poderes existentes pueden manipular el ecologismo, los programas de salud pública, la pacificación por la fuerza y la guerra contra el crimen internacional, el terrorismo y el tráfico de drogas, lo harán. O, más bien, lo hacen. Quien se oponga al esfuerzo por salvar el medio ambiente, cortar el tráfico internacional de drogas o limitar la amenaza del terrorismo nuclear estará trabajando contra los mejores intereses de la Tierra y de la humanidad. Pero aquel que se identifique con dichos esfuerzos o ponga sus esperanzas en ellos, se engañará. La tierra no puede ser gobernada a escala planetaria, porque las fuerzas del globalismo que aspiran a ese gobierno (...) son las mismas que están en primer lugar creando estos problemas. La extensión global de la industria y la explotación de los recursos -orginada y en la actualidad, pese al interludio comunista, dirigida por el capitalismo transnacional- son el origen de la degradación medioambiental. Destruyendo las economías de subsistencia tradicionales y proletarizando el trabajo (con la enorme ayuda de la brutal colectivización de la agricultura a costa de decenas de millones de vidas en la Rusia y la China comunistas), explotando la mano de obra barata y amenazando las identidades culturales religiosas, las propias fuerzas del capitalismo global han creado el tráfico subterráneo de drogas, armas, especies animales en peligro, esclavos... Todos, monumentos al espíritu empresarial. Posiblemente, sólo un Gobierno Mundial podría limitar el poder destructivo de estas fuerzas económicas internacionales. Pero, cuando tal gobierno emerja, si es que lo hace, incluso aunque pueda tener alguna influencia mitigadora sobre los desastres globales, lo hará como agente de estas fuerzas, no como su adversario.
La política es el arte de lo efímero. Todo lo valioso para el hombre obtenido a través de la acción política es temporal, ambiguo y corruptible. Esta es la naturaleza del tiempo y de la historia, su esencia misma. La lucha por la justicia social o por salvar el medio ambiente es encomiable. Toda persona que logre evitar ser derrotada por las circunstancias y no llegue a convertirse en un explotador y un opresor de otros es una bendición para la especie humana. Cada especie que pueda ser salvada de la extinción permanece como un incomparable espejo de un único aspecto de la naturaleza Divina, y, puesto que no podemos saber con certeza si el fin de este Eón supondrá o no la total destrucción de la vida en la Tierra (incluso la de toda vida humana -cuanto sabemos es que será el fin para "nosotros"), puede -o no- engrosar la biodiversidad en reserva para el próximo ciclo de manifestación terrestre
Pero la batalla contra el Anticristo se emplaza en un nivel distinto. Aunque para algunos pueda incluir una vertiente política, es esencialmente espiritual. "Mi reino no es de este mundo". Es una lucha por salvar no el mundo, sino el alma humana, empezando -y terminando, si procede- por la propia.

*****

De acuerdo con Apocalipsis 20: 7-8: "Cuando se terminen los mil años, Satanás será soltado de su prisión y saldrá a seducir a las naciones de los cuatro extremos de la tierra, a Gog y a Magog, y a reunirlos para la guerra, numerosos como la arena del mar". Según El Apocalipsis de San Juan: un comentario ortodoxo, del Arzobispo Averky de Jordanville, el significado de Gog en hebreo es "reunión" o "alguien que se reune", y el de Magog "exaltación" o "alguien que exalta". La palabra "exaltación" me sugiere la idea de trascendencia como opuesta a la de unidad; "reunión", la de unidad como opuesta a la de trascendencia. La relación de esta asociación es que una de los profundos engaños del Anticristo en los últimos días del ciclo será situar estos dos aspectos integrales del Absoluto en oposición entre sí en la mente colectiva y a una escala global -en "los cuatro extremos de la tierra". En cuanto a la expresión política y económica de esta estéril polaridad satánica, la falsa cohesión de la tiranía izquierdista, así como el actual capitalismo global, caerían bajo Gog, en tanto el falso jerarquismo de la tiranía de derechas y el absolutismo violento de los varios movimientos separatistas "tribales" -tanto étnicos como religiosos- opuestos al globalismo advendrían bajo Magog. En términos de religión, esas teologías liberales, historicistas, evolucionistas, cuasimaterialistas y criptopaganas que enfatizan la inmanencia de Dios como opuesta a Su trascendencia son parte de Gog, en tanto las teologías reaccionarias que exaltan la trascendencia sobre la inmanencia, miran al mundo material como un valle de lágrimas, denigran el cuerpo humano y contemplan la destrucción de la naturaleza con indiferencia (si no con aprobación secreta, puesto que lo mejor que podemos esperar es olvidarnos de todo), son parte de Magog. El conflicto entre ambas es precisamente la falsificación satánica del auténtico conflicto entre el Rey de Reyes y Señor de Señores y la Bestia con su falso profeta descrito en Apocalipsis 19: 11-20. Quienes puedan ser atraídos con engaños a una guerra fraudulenta entre elementos que deberían reconciliarse, porque son en esencia partes de una misma realidad vista en un espejo distorsionador, no oirán la llamada a combatir en la verdadera guerra entre fuerzas que ni deberían ni podrían reconciliarse: las de la Verdad y la Mentira (Nota: el Globalismo, por cuanto suministra el escenario para la emergencia de esa "jerarquía invertida" de que hablara Guénon, contiene también la semilla de Magog, en tanto el tribalismo, como herencia común de cuantos están excluidos de la élite global, sostiene la semilla de Gog: en los últimos días, ningún partido, clase ni sector puede mantener su estabilidad ideológica por largo tiempo; la "velocidad de contradicción" se acerca a la de la luz).

En un mundo profundamente polarizado entre el Gog del globalismo sincretista y el Magog del "tribalismo" exclusivista (una palabra -"tribalismo"- que está empezando a denotar lo que solía llamarse "nacionalismo" o "patriotismo" o "fidelidad a la propia religión"), la Unidad Trascendente de las Religiones representa claramente un camino del medio, una tercera fuerza, al menos en el campo religioso. Se opone tanto al universalismo de las élites globalistas como a la autoafirmación violenta de las "tribus" oprimidas y marginadas por dichas élites. Quizá esta es una de las razones por las que grupos e individuos que sostienen esta doctrina han sido sometidos a ese inmenso grado de presión física que algunos observadores en los suburbios de la escuela tradicionalista, como yo mismo, no podemos dejar de advertir. Es razonable conjeturar que nada gustaría más al Anticristo que subvertir y desacreditar a los tradicionalistas, dado que la Unidad Trascendente de las Religiones es una de las pocas visiones del mundo que posiblemente podrían alzarse en el camino del conflicto estéril y terminal entre globalismo y tribalismo que es la tónica de su "sistema" en la arena social.

Si todas las alternativas posibles a la lucha entre globalismo y tribalismo desaparecen de la mente colectiva, el Anticristo habrá ganado. Puede usar el globalismo político y económico y el universalismo de una "espiritualidad mundial" para subvertir y oprimir todas las religiones integrales y las culturas religiosas, forzándolas a estrechar sus visiones y violar la totalidad de sus propias tradiciones como reacción contra ello. Puede conducirlas a excesos terroristas e intolerantes que les harían parecer bárbaras y obsoletas a ojos de aquellos que se debaten entre una identificación global o una tribal y, al mismo tiempo, lanzar a todas al cuello de las demás. Unir para oprimir; dividir y conquistar.

Bajo este prisma, podemos apreciar que el exclusivismo de la Cristiandad conservadora y/o tradicional es su mayor fuerza a la vez que su mayor debilidad. Lo mismo podría decirse, con ciertas reservas, del judaísmo y el Islam. El exclusivismo de estas religiones abrahámicas las permite encastillarse conscientemente frente al sistema del Anticristo. A la Cristiandad, por su "espíritu de catacumba" y su habilidad -derivada en última instancia del monasticismo- para edificar fortalezas espirituales frente el mundo. Al Islam, por el hecho de que dar-el-Islam continúa siendo el mayor bloque de humanidad que, en parte y aunque a niveles muy variados, está aún social y políticamente organizado en torno a la Revelación Divina, como lo estuvieron la Europa Medieval y el Imperio Bizantino. Por otra parte, su propio exclusivismo ha impedido a estas religiones -salvo en contados casos- hacer causa común contra el universalismo globalista y el secularismo. Permanecen vulnerables a las tácticas de "divide y vencerás" del sistema del Anticristo, una fase que -si damos crédito a especulaciones teológicas tradicionales como las contenidas en Las últimas cosas, de Dennis Engleman- bien podría ser el preludio de otra posterior de "une y oprimirás", de capitulación de los exhaustos exclusivistas, anhelantes del fin de un conflicto sin fin, ante el universalismo satánico del Anticristo.

Según Las últimas cosas, el Anticristo se revelará en Jerusalén y se proclamará Rey de los Judíos; la nación judía, así como muchos cristianos, le aceptará. Desde la perspectiva islámica, sin embargo, cualquier regente mundial que fuera inicialmente Rey de los Judíos y al que después se sometieran los cristianos sería reconocido de inmediato y universalmente como el Anticristo. A menos que el Islam tradicional e incluso el Islam fundamentalista vayan virtualmente a desaparecer, es inconcebible que semejante figura pudiera animar a los musulmanes a aceptarla como el Mahdi o el Jesús escatológico. Por tanto, si las predicciones recopiladas por Engleman son en algún sentido exactas, está de hecho presentando como escenario escatológico más probable una masiva apostasía de judíos y cristianos que dejaría únicamente a los musulmanes al tanto de quién es realmente el Anticristo, y listos para presentarle batalla. ¿Cómo, entonces, podría el Anticristo emerger como un verdadero monarca global, aunque satánico? Quizá sea la oposición militante de un Islam desacreditado a ojos del resto del mundo a un "salvador" admirado casi universalmente lo que termine por consolidar el poder de éste. Me apresuro a decir que esto no es de ningún modo una predicción. ¡Dios me libre! Estoy simplemente permitiéndome imaginar varios escenarios basados en las cualidades de autocontradicción e ironía terminal que son la tónica de todas las fuerzas históricas en estos últimos días.

*****

El Gobierno Mundial en ascenso muestra muchos signos de ser el anunciado régimen del Anticristo. Pero esto, como ya he puntualizado, no es tan simple, pues las fuerzas "tribales" en reacción contra el globalismo son en última instancia parte del mismo sistema. De acuerdo con uno de los muchos escenarios posibles, las fuerzas satánicas operantes en el fin del Eón serían muy capaces de establecer un Gobierno Mundial sólo para construir el escenario necesario para la emergencia del Anticristo como gran líder de una revolución mundial contra ese gobierno, que, si triunfara, sería el verdadero Gobierno Mundial. También el martirio del Anticisto a manos de tal gobierno podría constituir un deliberado e incluso escenificado autosacrificio, farsa escénica de la muerte de Cristo y conducente a una resurrección fraudulenta. No estoy sosteniendo que esto vaya a suceder; no estoy pronosticando. Sólo quiero puntualizar que para edificar su poder -excepto el en último Conflicto Mesiánico, llamado en Apocalipsis Armageddon, que es iniciado y concluido por Dios mismo-, el Anticristo, como falsa manifestación de la universalidad Divina, tendrá la capacidad de usar a todas las partes en todos los conflictos, incluyendo uno global...

*****

Observando la situación, resulta muy chocante advertir que, aunque ocupadas por fuerzas profundamente diferentes, en la Palestina de hoy existen las mismas "encajaduras" sociopolíticas que hace dos mil años, en los días de Jesús. El gobierno israelí está donde estaban entonces los escribas y fariseos. Los militantes palestinos ocupan el lugar de los zelotes. Estados Unidos y/o la ONU pueden representar al Imperio Romano. Y la posición única de Jesus, en la cruz o cruce donde todas las fuerzas contemporáneas convergen, es ahora ocupado por Yasser Arafat, crucificado en los cuernos de cada contradicción... Pero Arafat, ciertamente, no es Jesús. En ningún sentido trasciende la condición que ocupa; no es más que una marioneta de dichas fuerzas.

Jesús de Nazareth estaba profundamente al tanto de la situación política. Al nivel humano, debía estarlo. Esto no significa, desde luego, que fuera una especie de revolucionario político; de hecho, una cierta sapiencia política le era necesaria para, simplemente, evitar verse forzado a tomar partido a favor o en contra del partido del Templo en su alianza con Roma, a favor o en contra de los zelotes... en un mundo donde se suponía que todos tenían que hacerlo y, en apariencia, todo se precipitaba inexorablemente hacia la revuelta judía de 66 d. C. Por ejemplo, cuando sus oponentes le desfiaron a responder en público si era o no legal pagar impuestos a Roma, creyeron tenerle en sus manos. Si hubiera respondido: "Sí", habría perdido a sus seguidores en el sector zelote, que, puesto que interpretaban el tributo como un acto de la adoración al emperador establecida oficialmente en algunas provincias romanas, lo consideraban una blasfemia contra Yah-weh, especialmente porque el denario romano en que se pagaba el tributo, por llevar la imagen del emperador, era visto por los zelotes como un ídolo, una "imagen de piedra". Habría perdido también su autoridad moral para criticar a los escribas y fariseos que habían llegado a un compromiso con el gobierno colonial romano. Habría sido incluido en el partido de las autoridades del Templo, al menos a ojos del pueblo, lo que le habrían aislado de los zelotes y los esenios. Si, por otra parte, hubiera respondido: "No", habría sido identificado sin más con los zelotes, y habría perdido contacto con su más amplia audiencia. Se habría también visto expuesto a un arresto prematuro o una posible acusación de sedición. Su muerte, pues, no habría significado más que la de, digamos, alguien como Barrabás. Como tantos otros miles, habría muerto como un rebelde "unidimensional" contra Roma, y habría sido olvidado.

Su elección de un camino que sortea las trampas de esta contradicción sociopolítica representa una pieza maestra de "sublimación", y puede darnos una clave de cómo evitar ser incorporados a conflictos falsos o estrechamente definidos y andar -por el contrario- la senda que conduce a la verdadera guerra. Primero, pidió que alguien de la multitud le diera la moneda del tributo, demostrando así que no tenía monedas, que era uno de los "pobres" -en árabe, fuqara, el plural de fakir, que es sinónimo de sufí- a quienes venía a predicar la "buena nueva", y también que la moneda "idólatra" en cuestión circulaba libremente. En segundo lugar, al preguntar: "¿Qué imagen es esta?" - a lo que se le respondió: "La del César"- se estaba distanciando de los zelotes al demostrar claramente que la moneda no podía ser un ídolo, por la sencilla razón de que el César no era Dios, por lo cual uno podía dar al César lo que es del César sin cometer blasfemia. Al mismo tiempo, estaba diciendo, en efecto, que distribuir la imagen del pequeño falso dios de ningún modo era adorar, sino que podría incluso ser un acto de condescendencia por parte de los judíos, que conocían y adoraban al Dios Viviente. Su autopercepción y su privilegiada posición como el Pueblo Elegido no podía en ningún sentido ser violada por seguir la corriente al narcisismo de esos autotitulados césares. Por tanto sin un maravilloso grado de sapiencia espiritual y política, Jesús habría inevitablemente sido incluido en el conflicto político, y su misión habría fracasado (esta, por supuesto, es la situación vista desde el punto de vista de la humanidad de Jesús: desde el punto de vista de Su Divinidad, Su misión, ordenada por Dios; no podía fracasar). Y esta lección sobre cómo evitar verse demasiado involucrado en conflictos políticos prematura y estrechamente definidos que comprometen la percepción espiritual y la disposición a atender la verdadera llamada de Dios tiene también su lado esotérico, como una "parábola activa" de cómo ir más allá de los pares de opuestos y realizar el Absoluto. En la interpretación de los cristianos ortodoxos orientales, "lo que es del César" es el peso de la moneda en oro, y "lo que es de Dios", la forma en ella lacrada del ser humano, creado a imagen y semajanza de Dios. Nuestras vidas pertenecerán siempre, eternamente y de edad en edad, a Dios. Es por esto que, en la resurrección, puede nuevamente "encarnarse" en una substancia gloriosa e incorruptible. La lección es: no es nuestra vida lo que debemos proteger del Anticristo -como ciertos supervivencialistas claramente creen-, sino nuestra forma. En los últimos días, como siempre, la lucha no es por retener nuestras posesiones, ni siquiera nuestras vidas, sino evitar perder nuestras almas. En última instancia, esto es lo único que se requiere de nosotros.

(*) Extractos del libro The System of Antichrist (Sophia Perennis, 2001). Traducción de Joaquín Albaicín.


Read more!

Biographie de ‘Abd Al Wahid Pallavicini





Occidental de formation catholique, il se convertit à l’Islam à la mort du Shaikh ‘Abd al Wahid-Yahya en reprenant ce nom islamique traditionnel du métaphysicien français René Guénon dont l’œuvre avait renouvelé en lui l’exigence d’une vocation spirituelle et l’avait poussé à l’étude des religions comparées et ensuite à celle de la doctrine islamique.

Il vit pendant de nombreuses années dans les Pays islamiques pour y approfondir les connaissances doctrinales et pour s’intégrer dans la pratique de la foi acceptée, jusqu’à adhérer à une confrérie islamique dont il porte aujourd’hui la qualification de Shaikh (Maître).

De retour en Europe, il vit à Rome où il est chargé des relations entre le “Centre Islamique Culturel d’Italie” et le “Secrétariat du Vatican pour les Non-Chrétiens” en participant aux congrès interreligieux et aux dialogues “islamo-chrétiens” et en représentant la communauté islamique italienne dans les manifestations officielles nationales et du Saint-Siège.

Il a publié un opuscule en français aux éditions “Archè” de Milan en 1981 intitulé “In Memoriam René Guénon” et ses interventions se trouvent dans les actes des collogues de la Faculté Théologique “Marianum” de Rome, de l’Institut Universitaire Oriental de Naples, du Secrétariat pour les activités œcuméniques à Rome, de l’Université Catholique “Gemelli” de Milan et Rome, et dans la Revue “Sacro e Profano” de Palerme.


Read more!

Anca Manolescu, Întâlnirea ochilor, (note de lectura)

Articol apărut în Dilema, nr. 533

Temă: privirea cu care se aţintesc reciproc contemplativul şi Cel contemplat, ceea ce A.K. Coomaraswamy numeşte "întîlnirea ochilor".

André Scrima cita o expresie filocalică, aparţinînd unor autori de secol XIV, Callist şi Ignatie Xanthopoulos: "intelectul, nemişcat precum axa cerurilor, priveşte ca spre un centru în adîncurile inimii".
La Mistra, în Peloponez, una dintre biserici se numeşte Peribleptos: "Cel de pretutindeni privit".

„Dar înainte de a ridica ochii, înainte de a izbuti să priveşti şi să vezi, eşti privit şi văzut. Privirea contemplativă nu face decît să răspundă unei priviri dintotdeauna prezente, aţintite deja asupra ei. Privirea contemplativă soseşte la "întîlnirea ochilor" după privirea divină, care aşteaptă deja confruntarea, faţa-către-faţă, întoarcerea ochilor spre ea.”

Dumnezeu are şi numele grecesc Theos, de la „a privi peste toate”. Theoria, contemplaţia ar fi răspunsul potrivit, atitudinea umană cea mai adecvată faţă de calitatea divină definitorie: theoria înseamnă a ajunge să îl vezi pe Cel ce vede toate, să răspunzi universalei lui priviri.

The observed of all observers e de descoperit şi de aţintit în adîncul propriei inimi, acolo unde, conform doctrinei creştine, stă întipărit chipul divin, care - în abisul fiinţei - e principiul, e polul ei.


Read more!

06 novembre 2005

René Guénon, Le chaos social, (fragment)

Une élite véritable, nous l’avons déjà dit, ne peut être qu’intellectuelle; c’est pourquoi la « démocratie » ne peut s’instaurer que là où la pure intellectualité n’existe plus, ce qui est effectivement le cas du monde moderne. Seulement, comme l’égalité est impossible en fait, et comme on ne peut supprimer pratiquement toute différence entre les hommes, en dépit de tous les efforts de nivellement, on en arrive, par un curieux illogisme, à inventer de fausses élites, d’ailleurs multiples, qui prétendent se substituer à la seule élite réelle; et ces fausses élites sont basées sur la considération de supériorités quelconques, éminemment relatives et contingentes, et toujours d’ordre purement matériel. On peut s’en apercevoir aisément en remarquant que la distinction sociale qui compte le plus, dans le présent état de choses, est celle qui se fonde sur la fortune, c’est-à-dire sur une supériorité tout extérieure et d’ordre exclusivement quantitatif, la seule en somme qui soit conciliable avec la « démocratie », parce qu’elle procède du même point de vue. Nous ajouterons du reste que ceux mêmes qui se posent actuellement en adversaires de cet état de choses, ne faisant intervenir non plus aucun principe d’ordre supérieur, sont incapables de remédier efficacement à un tel désordre, si même ils ne risquent de l’aggraver encore en allant toujours plus loin dans le même sens; la lutte est seulement entre des variétés de la « démocratie », accentuant plus ou moins la tendance « égalitaire », comme elle est, ainsi que nous l’avons dit, entre des variétés de l’individualisme, ce qui, d’ailleurs, revient exactement au même.

(fragment du livre La crise du Monde Moderne, Gallimard).


Read more!

Frithjof Schuon, Treptele întelepciunii, (breviar de idei)

La alcãtuirea acestei fise am utilizat volumul lui Frithjof Schuon, Les Stations de la Sagesse, Buchet/Chastel-Corréa, 1958.

01. Rãul timpului nostru vine din sciziunea dintre credintã si stiintã.

02. Efecte psihologice importante antrenate de stiinta modernã aratã caracterul ei anormal în raport cu natura umanã. Este evident cã nici o cunoastere nu este rea în sine, dar multe dintre informatii sunt nocive în fapt, prin consecintele pe care le aduc.

03. Impasul spiritului modern rezultã din faptul cã oamenii nu sunt capabili sã vadã compatibilitatea dintre expresiile simbolice ale traditiei cu constatãrile materiale ale stiintei.

04. Absolutul nu este un postulat artificial, explicabil prin psihologie, ci o evidentã “prementalã”, concretã ca aerul pe care îl respirãm sau ca bãtãile inimii noastre.

05. Absolutul îsi asumã în ochii nostri trãsãturi mai mult sau mai putin umane, fãrã ca totusi sã fie intrinsec limitat de aceste trãsãturi.

06. Omul, atunci când se încrede doar în ratiunea sa, nu izbuteste decât sã dezlãntuie puterile obscure si dizolvante ale irationalului.

07. Majoritatea asa-zisilor intelectuali ai modernitãtii nu este atât de inteligentã încât, întelegând un Sf. Anselme sau un Sf. Thomas, sã gãseascã în operele lor evidenta existentei lui Dumnezeu.

08. Obscuratia mentalã modernã se manifestã ca o extremã abilitate mentalã cãreia i se daugã o superficialitate intelectualã nu mai putin excesivã.

09. Intelectualii moderni obisnuiesc sã trateze conceptele ca pe niste jocuri mentale care nu obligã la nimic, ei se freacã de toate fãrã a asimila ceva. Ideile nu “muscã” din inteligentã, iar aceasta din urmã “alunecã” peste concepte fãrã sã le “apuce”.

10. Una dintre marile erori ale timpului nostru este de a vorbi de “falimentul” religiei, ceea ce e totuna cu a imputa adevãrului faptul cã noi nu-l mai acceptãm.

11. Nu fãrã fundament teologii medievali au plasat erezia la nivelul vointei. Într-adevãr, inteligenta poate cãdea în eroare, dar natura sa nu-i permite sã reziste indéfinit adevãrului, pentru asta este necesarã interventia unui factor volitiv, pasional, adicã o pãrere preconceputã, un interes sentimental.

12. Conceptul de “ortodoxie” înseamnã în viziunea modernilor: “conformism”, “prejudecatã”, “lene spiritualã”. În realitate, “ortodoxie” înseamnã principiul de omogenitate formalã propriu oricãrei perspective autentic spirituale.

13. Conceptul de “intelectualitate” apare în viziunea modernilor ca: “cercetare liberã” si “gândire creatoare”.

14. Existã o ortodoxie intrinsecã (acordul cu adevãrul esential si universal) si o ortodoxie formalã sau extrinsecã (acordul cu forma revelatã). [De exemplu, crestinismul este extrinsec heterodox în raport cu iudaismul, dar intrinsec ortodox pentru cã este în acord cu adevãrul universal.]

15. “Deschiderea spiritualã” cu care se mândresc modernii nu este profitabilã decât pentru erori si lipsã de inteligentã.

16. În Occidentul modern, conceptele de “geniu” si “culturã” sunt mai pretuite decât adevãrul însusi.

17. Heterodoxia intrinsecã (adicã heterodoxia în sine) este contrarie naturii însesi a lucrurilor, ea rezultând nu dintr-o perspectivã legitimã, ci din arbitrariul unui mental redus la propriile resurse si obligat sã “creeze” ceea ce intelectul paralizat nu-i poate transmite.

18. În interiorul religiilor monoteiste, esoterismul prezintã aspecte de heterodoxie extrinsecã, pentru cã o diferentã calitativã prezintã în mod necesar aspecte de opozitie.

19. Perspectiva ortodoxã, limitatã în expresie, comportã unele restrictii în vederea anumitor conditii mentale sau a anumitor metode spirituale.

20. Filosofia, în sensul umanist si rationalizat, este înainte de toate logicã, pusã în serviciul unui “esoterism al prostiei”. Intuitia intelectualã este în schimb un contact direct cu adevãrul.

21. Omul care nu are nici o cunoastere “vizionarã” a Fiintei, si care nu face decât sã gândeascã cu creierul în loc sã “vadã” cu “inima”, se lasã pradã unei logici care nu-i serveste la nimic, pentru cã pleacã de la o orbire initialã.

22. Orice demonstratie este eficace pentru cei cãrora li se adreseazã. Altfel spus, caracterul adevãrat al unui lucru poate fi recunoscut dacã mãsura pentru a recunoaste adevãrul existã deja în noi.

23. Logica nu este decât stiinta coordonãrii mentale, a concluziei rationale. Ea nu poate atinge prin propriile metode nici universalul, nici transcendentul. O dialecticã supra-logicã (dar nu i-logicã), bazatã pe simbolism si pe analogie, poate fi mai dificil asimilabilã pentru unii, dar este mai conformã realitãtilor transcendente.

24. Filosofia modernã numeste “prejudecatã” tot ceea ce este intelectualmente evident.

25. Scepticismul filosofic, autointitulat “absenta a prejudecãtilor”, este o functie a ignorantei, contrariei atât inteligentei cât si realitãtii.

26. Intelectul este o facultate receptivã si nu o putere de productie: el nu “creazã”, ci primeste si transmite.

27. Mentalul este analog intelectului în calitate de gen al inteligentei, dar i se opune prin caracterul limitat, indirect si discursiv. Limitele mentalului sunt inerente naturii lui.

28. Doctrina metafizicã este adevãrul total care înglobeazã toate adevãrurile posibile [aflate în stare de suspensie, încã nedezvoltate].

29. Între subiect si obiect existã un raport de inversiune: subiectul care reflecteazã inverseazã obiectul care este reflectat.

30. Totul este concomitent adevãrat si fals, este suficient sã discernem diferitele raporturi. De exemplu, Christul este “Dumnezeu si om”, ceea ce este fals, pentru cã nici o creaturã nu poate fi Creatorul, dar concomitent adevãrat, pentru cã nimic nu poate fi în afara lui Dumneze, Realitatea fiind una.

31. Inteligenta purã (sau intelectul) depãseste gândirea. Altfel spus, nu totul poate fi cuprins cu cogito-ul.

32. În ciuda identitãtii de esentã, nu existã nici o continuitate între concept si realitate.

33. Intelectul implicã întelegerea Fiintei, el este chiar sensul Fiintei.

34. Fiinta este totuna cu Principiul Universal. Noi suntem în Fiintã, fãrã a fi Fiinta.

35. Eroarea cartezianã din formula “cogito ergo sum” constã în a subordona fiinta experientei gândirii.

36. Intuitia intelectualã nu poate actiona acolo unde absenta ei tine de esenta individului, dar ea poate fi actualizatã acolo unde absenta nu este decât accidentalã [fiind vorba doar de o ocultare].

37. În cazul intelectului, subiectul este obiectul (fiinta), si obiectul este subiectul (cunoastere), de unde certitudinea absolutã.

38. Un relativ care sã atingã nivelul absolut nu este cu putintã, dar existã un absolut care se relativizeazã, pãstrându-si pe planul relativ toatã rigoarea, cel putin sub raportul continutului calitativ.

39. Orice expresie a absolutului este în mod obligatoriu relativã. [Expresia, nu Absolutul.]

40. Dacã într-adevãr cunostintele noastre nu pot fi sigure, atunci e inutil sã mai gândim. Dacã ele pot fi, aceasta dovedeste cã putem avea toatã certitudinea posibilã.

41. Cunoasterea relativã, indirectã, a Absolutului, este în mod esential – în calitate de cunoastere, nu ca relativitate – cunoasterea absolutã, directã.

42. Principiu taoist: ceea ce este infinit de departe este de asemenea infinit de aproape.

43. Existã o discontinuitate între concept si Realitate, compensatã prin identitatea dintre ele. Nu poate exista o coincidentã totalã între realitate si reflexul ei logic, pentru cã atunci nimic nu le-ar putea distinge.

44. Orice doctrinã traditionalã are un aspect de sistem si un aspect de indeterminare.

45. Orice manifestare, chiar divinã, implicã imperfectiunea. Dar aceastã imperfectiune existã în calitate de manifestare, si nu sub raportul continutului, pentru cã acesta este divin, deci “absolut”.

46. Un maestru taoist a spus: “Singurul lucru care poate fi cu adevãrat transmis este eroarea.” [Asadar, absolutul trebuie descoperit.]

47. Sufistii vorbesc de principiul istmului: vãzut “de sus”, simbolul este obscuritate, dar vãzut “de jos”, el este luminã.

48. Intelectul fiind o oglindã, realizarea spiritualã face sã participe fiinta noastrã la “obiectele” pe care le reflecteazã oglinda.

49. Intelectul este orizontal, realizarea spiritualã fiind verticalã.

50. Eroarea are trei cauze: lipsa de inteligentã (defect al subiectului), lipsa de informatie (defect al obiectului), lipsa de calitate a receptacolului (defect periferic al subiectului).

51. Dacã relativul nu ar contine în însãsi structura sa o anumitã cantitate de absolut, relativitãtile n-ar putea fi distinse calitativ unele de altele.

52. Revelatia, traditia, ortodoxia si intuitia intelectualã ar fi de neconceput fãrã elementul calitativ si aproape absolut care este prezent în centrul si în arterele cosmosului, al cãrui fulgurantã ecloziune produce fenomenul sacrului.

53. Absolutul relativ existã. Relativul absolut este însã de neconceput.

54. Nici o expresie a adevãrului nu este adevãrul însusi.

55. Modernitatea nu este o religie bolnavã, ci o contra-religie.

56. Filosofia modernã, negând absolutul în favoarea relativitãtii, dilueazã adevãrul într-un fel de eroare universalã, în care orice valoare spiritualã dispare, fiind înlocuitã cu jumãtãti de adevãr de o subtilitate mai mult sau mai putin arbitrarã.

57. Esenta relativismului este negarea absolutului din relativ. A pretinde cã si cunoasterea ca atare este relativã, este totuna cu a spune cã ignoranta umanã este absolutã. A te îndoi de certitudine este a mãrturisi cã nu stii “absolut” nimic.

58. Pentru moderni, “abstract” este sinonim cu “artificial”.

59. Omul devenit mãsura arbitrarã a tuturor lucrurilor abdicã de la posibilitatea de cunoastere obiectivã si universalã.

60. Existentialistii se comportã de ca si cum ar fi oameni din întâmplare. Ceea ce-i distinge de animale nu este inteligenta umanã, ci stilul uman al inteligentei infra-umane.

61. Tot ceea ce nu tine nici de intuitia intelectualã, nici de revelatie, este obligatoriu o formã oarecare de rationalism. Acesta din urmã nu este fals pentru cã încearcã sã exprime realitatea, ci pentru cã are pretentia de a îngloba toatã realitatea în ratiune.

62. Existã un raport solid între stiinta modernã si rationalism: stiinta modernã, în loc sã se ocupe de finit, vrea sã reducã Infinitul însusi la finit. Ea crede cã poate dobândi cunoasterea totalã a lumii, indefinitã, printr-o serie finitã de descoperiri, ca si cum inepuizabilul ar putea fi epuizat.

63. Chiar dacã nu toti savantii sunt atei, ateismul rezidã în stiinta modernã însãsi, în postulatele si metodele ei.

64. Stiinta modernã furnizeazã în mod inconstient chei de care nu se poate servi.

65. Existã în stiintã o monstruoasã disporportie între inteligenta stiintificã, matematicã, practicã si inteligenta ca atare.

66. Ceea ce numim caracterul “inuman” al stiintei moderne se manifestã în fructele ei monstruoase: suprapopularea globului, degenerescenta genului uman si, în compensatie, mijloacele de distrugere în masã.

67. Eroarea empiristã nu consistã în a crede cã experienta îsi are utilitatea ei, ci cã existã o mãsurã comunã între cunoasterea principialã si experientã, în cadrul cãreia cea din urmã ar avea o valoare absolutã.

68. Reducerea intelectului la elementul pasional este o formã de negare a intelectului.

69. În mod curent se numeste “pesimism” constatarea cã negrul este negru, iar “optimism” constatarea cã albul este alb. În realitate, pesimismul constã în a vedea albul drept negru, iar optimismul comite eroarea inversã.

70. Se vorbeste mult de “obiectivitate”, dar aceasta este redusã la un fel de moliciune în fata erorii si a injustitiei. Mâniile Christului dovedesc nu lipsa obiectivitãtii, ci ignominia obiectului spre care erau îndreptate.

71. Universalitatea si imutabilitatea intelectului si a adevãrului implicã faptul cã nu pot exista “probleme metafizice ale timpului nostru”.

72. O gândire solidarã cu contingentele temporale îsi pierde orice validitate.

73. Aristotelismul este un fel de “exteriorizare” a platonismului, adicã a doctrinei reprezentate de linia Pitagora-Socrates-Platon-Plotin.

74. Orice filosofie anti-intelectualã cade în aceastã capcanã: se pretinde, de exemplu, cã nu existã decât subiectivul si relativul, fãrã a bãga de seamã cã aceastã asertiune, pentru a fi valabilã, trebuie sã nu fie nici subiectivã nici relativã, în caz contrariu nefiind nici o diferentã între perceptia justã si iluzie, între adevãr si eroare.

75. Dacã totul este relativ, în sensul care exclude orice reflect al absolutului în lume, definitia relativitãtii este si ea relativã.

76. Ceea ce distinge omul de animal nu este cunoasterea unui copac, ci notiunea de Absolut.

77. A spune cã omul este mãsura tuturor lucrurilor implicã: ideea cã omul este mãsura lui Dumnezeu, ideea cã relativul este mãsura Absolutului, ideea cã existenta individualã este mãsura Intelectului universal.

78. În zilele noastre, masina tinde sã devinã mãsura omului.

79. Cum materia si masina sunt cantitative, omul însusi devine cantitativ: omenescul se transformã în social. Se uitã însã cã omul, izolându-se, poate înceta sã fie social, în timp ce societatea, orice ar face, nu poate niciodatã înceta sã fie omeneascã.

80. Unii considerã cã singura facultate a cunoasterii este cea a gratiei iluminative acordate de Dumnezeu. Dacã ar fi astfel, si intelectul ar fi inoperant, unde ar exista facultatea de a întelege ceea ce gratia poate comunica? [Cu alte cuvinte, ceea ce vine de la Dumnezeu întâlneste ceva pe mãsurã în om. Nu e nici o contraditie în aceastã idee, care revine pânã la urmã la a spune cã omul, în calitate de creatie divinã, are în el ceva ce îl ridicã la înãltimea Revelatiei.]

81. Dacã un lucru este adevãrat, atunci este adevãrat în sine, si nu pentru cã a fost afirmat de cãtre cineva care a experimentat asceza.

82. Asceza poate contribui la aprofundarea cunoasterii, dar nici o disciplinã nu poate modifica dimensiunile receptacolului uman. Asceza nu poate singurã sã producã gnoza.

83. Rãul este un element necesar al echilibrului cosmic. A încerca sã elimini rãul înseamnã a suprima echilibrul Creatiei.

84. În realitate, nu intelectul ajunge la Dumnezeu, ci Dumnezeu ajunge la intelect. Nimeni nu-L poate “alege pe Dumnezeu” fãrã sã fi fost ales de El.

85. Credinta este conformitatea inteligentei si a vointei cu adevãrurile revelate.

86. Credinta, adicã situatia în care elementul volitiv predominã asupra elementului intelectual, este depãsitã de gnozã, adicã situatia în care elementul intelectual predominã asupra elementului volitiv.

87. Natura certitudinii este intelectualã. Natura fervorii este volitivã.

88. Credinta nu este nici exclusiv fervoare, nici exclusiv gnozã. Ea le implicã pe amândouã.

89. Intelectiunea nu este independentã de Revelatie: un Sf. Augustin nu poate fi conceput fãrã Evanghelie, nici un Shankarâchârya fãrã Veda.

90. Exoterismul reduce inteligenta la ratiune si înlocuieste intelectul prin gratie. El ignorã existenta unei facultãti intelective “paracletice”.

91. În Orient – exceptie cazul musulmanilor – nu existã dogme, cãci ideile sunt considerate ca puncte de reper mai mult sau mai putin provizorii (desi absolute pe planul în care se aflã) astfel încât ceea ce este adevãrat pe un anume plan înceteazã sã fie pe altul.

92. Proba credintei pe terenul faptelor este miracolul sau profetia. Proba credintei pe terenul ideilor este evidenta intelectualã.

93. Miracolul si adevãrul sunt cei doi poli ai Revelatiei. Miracolul opereazã gratia, adevãrul dã nastere certitudinii intelectuale.

94. Revelatia are aspectul unei intelectii colective, intelectiunea are aspectul unei revelatii individuale.

95. Intelectualitatea nu este posibilã în afara unui limbaj revelat, a unei traditii scripturare sau orale, desi intelectiunea se poate produce, ca miracol izolat, acolo unde facultatea intelectivã existã. Dar o intelectiune extra-traditionalã nu va avea nici autoritate, nici eficacitate.

96. Dacã Adevãrul a fost întotdeauna Adevãrul, nici o religie nu poate fi “nouã”.

97. Necredinta vine din faptul cã inteligenta este obscuratã de pasiuni.

98. Tâlhãria este imperialismul nomazilor, la fel cum imperialismul este tâlhãria marilor natiuni.

99. În lumea modernã, echilibrul “fortelor normale” este rupt, în asa fel încât utilizarea agresivã a fortei nu mai are nici un aspect de legitimitate relativã. “Jungla”, creatia lui Dumnezeu, este înlocuitã cu “masina”, creatia omului. Întelegerea tacitã dintre junglã si spirit este abolitã în favoarea unui materialism iconoclast si ipocrit, care tinde sã se justifice printr-un “idealism” umanitar, dar monden si antispiritual. Pe de altã parte, legea celui mai puternic nu poate furniza nici un pretext pentru josnicie, minciunã perfidã, trãdare lasã: jungla nu ne oferã nici un exemplu pentru aceastã posibilitate specific umanã.

100. Formele pe care le îmbracã Adevãrul sunt tot atâtea oglinzi care se reflectã reciproc.

101. Acceptarea este staticã si dogmaticã. În acelasi timp, convingerea este spiritualã si dinamicã, ea nu este supusã niciunei restrictii religioase.

102. Caritatea nu impune sã iubesti eroarea si viciul, la fel cum nu impune sã-i iubesti pe cei care-l urãsc pe Dumnezeu.

103. Cogito-ul cartezian nu are bazã scripturarã, pentru cã fundamentul existentei este Fiinta, si nu o experientã oarecare.

104. Probele traditionale ale dogmelor sunt irefutabile în cadrul mentalitãtii cãreia i se adreseazã.

105. Conditionarea mentalã a crestinismului sau a islamului este mult mai putin etincã decât cea a iudaismului sau a confucianismului, desi mostenirea rasialã nu dispare fãrã îndoialã niciodatã. Europa a fost “iudaizatã” de crestinism, asa cum Asia a fost partial “arabizatã” de islam.

106. Un adevãr nu este adevãrat pentru cã poate fi demonstrat, ci pentru cã el corespunde unei realitãti.

107. Nu existã demonstratie care sã poatã satisface orice nevoie de cauzalitate, având în vedere cã aceastã nevoie poate fi artificialã.

108. Cel care nu va fi satisfãcut de o demonstratie doctrinarã va putea întotdeauna sã pretindã cã un adevãr (pentru el va fi o ipotezã) nu a fost demonstrat.

109. Textele sacre nu sunt niciodatã supuse contingentelor mentale diverse, cãci fiind divine, sunt în mod necesar si universale.

110. Ratiunea este incapabilã sã cumuleze adevãruri antinomice. Prin natura ei, ratiunea nu are viziunea simultanã a realitãtilor care o depãsesc, astfel încât expresiile antinomice o induc fatalmente în eroare.

111. Teologia este determinatã de trei factori: dogma, de unde porneste; ratiunea, cãreia i se adreseazã în primul rând; si colectivitatea, al cãrei interes spiritual îl poartã.

112. În mod indubitabil existã un aspect de “non-perfectiune” în functia exterioarã a oricãrui Avatara.

113. Divergentele dogmatice între religii corespund diferentelor de metodã spiritualã, ele conferã “maniere de a fi”.

114. Pentru cã noi existãm doar la nivelul nostru de realitate, trebuie sã se afle puncte de contact posibile între noi si Dumnezeu. Trebuie deci ca incomensurabilitatea dintre cei doi termeni sã se voaleze într-un fel, si chiar se întâmplã acest lucru prin “punctele de intersectie” pe care le numim “manifestãri divine”.

115. Îl atingem pe Dumnezeu peste tot si nicãieri. Dumnezeu este infinit de aproape de noi, noi suntem infinit de departe de El.

116. Idolatria divinizeazã umbra lui Dumnezeu.

117. Ateismul îl neagã pe Dumnezeu pornind de la intangibilitatea Lui.

118. Fiinta este manifestarea (in divinis) a Supra-Fiintei, care singura este “absolut infinitã”. [Schuon foloseste Supra-Fiinta pentru ceea ce Guénon numea Ne-Fiinta. Sursa acestei distinctii este vedicã si perfect ortodoxã.]

119. Fiinta (adicã Dumnezeu “ca persoanã”) este infinitã în raport cu manifestarea cosmicã, dar nu si in raport cu Supra-Fiinta, care este Esenta divinã supra-personalã [adicã nelimitatã de ideea de persoanã]. Fiinta este “nici finitã, nici infinitã”.

120. Fiinta se polarizeazã în Act creator si Materia prima (cuplul Purusha-Prakriti al doctrinei hinduse). Astfel “se concepe” si “se produce” Creatia, care nu este altceva decât “proiectia în afarã” sau manifestarea Fiintei. Desigur, “proiectie în afarã” nu este decât un mod de a spune, fiind înteles cã nimic nu este în afara lui Dumnezeu.

121. Manifestãrile divine fundamentale sunt: Creatia, Spiritul universal, Omul, Intelectul, Avatara, Revelatia, Simbolul si Gratia.

122. Creatia este marea “obiectivizare” a “Subiectului divin”. Ea este manifestarea divinã prin excelentã. Are un început si un sfârsit între care se desfãsoarã un ciclu particular, dar este în sine o posibilitate divinã permanentã, o obiectivare metafizicã necesarã a infinitãtii divine.

123. Perfectiunea Creatiei constã în capacitatea de a resorbi toate dezechilibrele partiale.

124. Spiritul universal este Inteligenta divinã care se încarneazã în Existentã. El este reflexul Soarelui divin în Substanta cosmicã.

125. Omul este o manifestare divinã în teomorfismul si perfectiunea sa primordialã si principalã. El este locul de manifestare a intelectului, care reflectã Spiritul universal si prin asta Intelectul divin. Omul reflectã totalitatea cosmicã, Creatia si Fiinta lui Dumnezeu.

126. Inteligenta divinã conferã omului: intelectul, ratiunea si liberul arbitru.

127. La îngeri si demoni, personificarea nu este decât “accidentalã”, în functie de contactele cu lumea oamenilor.

128. Omul, care este o formã, deci ceva ce nu este în întregime sine – acest sine fiind divin – se poate converti la sinele sãu sau la natura sa divinã. El poate de asemeni sã se identifice cu esenta satanicã detasându-si forma de Esenta divinã. Damnarea este cãderea formei care-si reneagã esenta divinã.

129. Atunci când omul întoarce spatele Esentei divine, ego-ul sãu devine ca o piatrã care-l trage în jos, iar Esenta sa îi întoarce spatele si ea.

130. Dacã infernul ar fi “etern” în sensul propriu al cuvântului, în loc de a fi doar “perpetuu”, deci perisabil împreunã cu durata însãsi, diavolul ar avea partial dreptate în pretentia sa de a fi divin, si acest lucru este imposibil, “neantul” neputând accede la “fiintã”.

131. Teomorfismul uman constã în prezenta în cadrul aceleasi fiinte a totalitãtii si a nobletii. Unele specii au nobletea dar sunt fragmentare în raport cu omul (nu au totalitatea). Maimutele au totalitatea, dar nu si nobletea. Maimuta este omul surprins în animalitatea sa purã.

132. Corpul masculin apare ca revelatia Spiritului, el marcheazã inteligenta, forta victorioasã, impasibilitatea, perfectiunea activã. Corpul feminin este ca revelatia Existentei, el revelã Substanta, marcheazã frumusetea, inocenta emotionantã, fecunditatea, perfectiunea pasivã.

133. Omul exprimã cunoasterea, si femeia dragostea. Corpul masculin este mai degrabã “geometric”, este imaginea “abstractã” a Persoanei divine, în timp ce corpul feminin este “muzical” si apare ca expresia “concretã” a Substantei existentiale si, in divinis, a Frumusetii infinite.

134. Emotia pasionalã, atunci când latura ei “idolatrã” nu este neutralizatã printr-o consecratie traditionalã, nu se poate elibera de o animalitate haoticã, prometeeanã si mortalã.

135. Interesul diavolului este de a ne face sã credem cã animalitatea fizicã este noi-însine. Enuntul vedantin spune: “Eu nu sunt nici acest corp, nici acest ego…”. Vedanta mentioneazã expres convingerea cã “eu sunt corpul” este doctrina demonilor.

136. În centrul omului rezidã o altã manifestare divinã: intelectul. Acesta este în mod subiectiv ceea ce este Revelatia în mod obiectiv. Atâta doar cã aceasta din urmã este transmisibilã, în timp ce Cunoasterea în sine este incomunicabilã.

137. Dacã Spiritul universal este reflexul divin în creatie, si intelectul reflexul divin în om, Revelatia este reflexul divin în umanitate.

138. Prin cãdere, Intelectul universal s-a individualizat si a dat nastere ratiunii.

139. Avatara, “subiectivizând” Universul si “obiectivizând” intelectul, restituie într-o anume manierã omului calitatea sa primordialã de manifestare divinã efectivã si constientã. Avatara uneste în persoana sa totalitatea macrocosmosului “obiectiv” si centrul microcosmosului “subiectiv”.

140. Faptul cã omul este centru si totalitate, de asa manierã cã Dumnezeu se poate încarna în el, dovedeste cã el nu este deloc susceptibil de o evolutie esentialã si transformatoare, de naturã sã-i schimbe constantele într-atâta încât sã-l separe de omul actual într-o proportie egalã cu cea care-l separã pe om de maimutã. Acest lucru ar fi cu totul imposibil, cãci Infinitul nu se încarneazã în finit decât în functie de un caracter absolut, care poate dispãrea, dar care nu-si poate schimba esenta.

141. Orice Revelatie este obiectivã în sine si subiectivã în raport cu alte Revelatii.

142. Marii Avatara sunt fondatorii de religie si dispensatorii gratiei divine, asemeni lui Râma si Krishna. Unii sunt de naturã solarã, altii de naturã lunarã, si asta în functie de forma Mesajului si de natura receptacolului colectiv. Micii Avatara, si ei manifestãri solare sau lunare, repetã în cadrul traditiei date functia marilor Avatara.

143. Marile Mesaje – religiile – creazã civilizatii, în timp ce micile Mesaje – doctrinele si metodele particulare – au o functie transformatoare.

144. Simbolul este exterior si formal. Gratia divinã este interioarã si informalã.

145. Existã douã tipuri de simboluri: cele ale naturii si cele ale Revelatiei. Primele nu au eficacitate spiritualã decât în virtutea “consacrãrii” lor de cãtre un Avatara sau Cuvânt revelat, sau în virtutea unei stãri de constiintã foarte elevate care le restitue realitatea profundã.

146. Asa cum existã douã feluri de simboluri, si gratia divinã este de douã feluri: cea naturalã care ne este accesibilã prin simplul fapt cã trãim, si cea supranaturalã, care se produce în legãturã directã sau indirectã cu diverse mijloace ale unei Revelatii, sau care tine de intelectiune. Aceastã din urmã gratie este “supranaturalã” pentru cã nu vine din “rezervele cosmice”, ci din Sursa divinã, deci în sens “vertical”, nu “orizontal”.

147. Caritatea constã în a da aproapelui ceea ce am merita dacã am fi în locul sãu.

148. A-l iubi pe Dumnezeu nu înseamnã a cultiva un sentiment, ci a elimina din suflet ceea ce-l împiedicã pe Dumnezeu sã intre. A iubi aproapele înseamnã a aboli dinstinctia iluzorie dintre “eu” si “tu”. Iubirea lui Dumnezeu este abolirea separatiei care “ne” îndepãrteazã de “El”.

149. Nu iubim decât prin Dumnezeu si pentru Dumnezeu. Cel care-l iubeste pe Dumnezeu iubeste concomitent efectele Lui. Cel care iubeste creaturile în afara lui Dumnezeu vrea sã închidã razele solare într-o cutie.

150. Cel ce iubeste efectul în sine, nu-l iubeste în calitate de efect, ci în calitate de cauzã, si ia astfel creatura drept ceea ce nu este, urând indirect Cauza din care derivã orice perfectiune si orice dragoste.

151. Existenta noastrã este dragostea pe care Dumnezeu ne-o mãrturiseste a priori.

152. Caritatea disproportionatã este atasament pasional sau ipocrizie.

153. Trebuie sã ne iubim dusmanii pornind de la faptul cã ei existã, ceea ce demonstreazã cã si Dumnezeu îi iubeste a priori. În rest, inamicitia lor poate sã nu fie decât accidentalã.

154. Caritatea nu ne dispenseazã niciodatã de a discerne între adevãr si eroare.

155. Nimic nu se opune Fiintei, exceptie desigur neantul, care de altminteri nu existã în nici un fel. Supra-Fiinta înglobeazã Fiinta asa cum spatiul înfãsoarã soarele.

156. Pentru Creatie Dumnezeu “moare” de “moartea din dragoste”, nu în sine, cãci este imuabil si impasibil, ci în interiorul cosmosului.

157. Dumnezeu are douã laturi: bunãtate si rigoare.

158. În teologia islamicã, Dumnezeu este Beatitudine (sau Dragoste) “înainte de creatie, si Mizericordie (sau Bunãtat) “de la” creatie. Pentru Esenta preafericitã (Rahmân), rãul nu existã, pentru cã nimic nu existã în afara lui Dumnezeu, în timp ce pentru Actul mizericordios (Rahîm), rãul îsi are cauza în receptacul – materia prima – care “provoacã” acest Act sau aceastã “Personificare”. Totusi doctrina islamicã nu ezitã sã atribuie “creatia” rãului lui Dumnezeu, în sensul cã Dumnezeu este cauza ontologicã a tuturor lucrurilor posibile, si nu pentru cã este “bun” a posteriori. Nu pot fi admise douã cauze ultime, una pentru “bine” si alta pentru “rãu”. Dumnezeu este cauza directã a tot ce este bine, el nu este cauza directã a rãului, adicã nu este cauza rãului ca atare, ci este cauza acestui element necesar al echilibrului cosmic care, în lumea noastrã si pentru noi, apare ca “rãul”.

159. Este absurd sã-i reprosezi lumii imperfectiunile ei, si sã te întrebi de ce injustitiile si suferintele existã, cãci cel ce spune “a exista”, spune “a fi separat de Dumnezeu”, deci de Perfectiune. Cel ce spune “efect”, spune “distantã în raport cu Cauza”, de asa manierã cã Existenta implicã imperfectiunea cu o rigoare matematicã.

160. Singura formã acceptabilã de luptã împotriva rãului este purificarea propriei persoane. Sfintii nu au reformat ordinele religioase distrugându-le bazele, ci prin propria perfectiune.

161. Atributele lui Dumnezeu se limiteazã reciproc, ca de exemplu Bunãtatea si Justitia. Fiecare este indefinit, fiecare calitate divinã fiind o “dimensiune” a lui Dumnezeu, depãsitã de “Fiinta”.

162. Nici un principiu nu poate fi întâlnit ca atare în lume, care nu este decât manifestare. Lumea comportã relativitãti si nu plenitudini principale.

163. Teama de Dumnezeu este complementul caritãtii: Dumnezeu nu poate fi iubit fãrã sã fie si temut, la fel cum aproapele nu poate fi iubit fãrã sã fie si respectat.

164. În orice om, oricât de vrednic de dispret ar fi, trebuie respectatã amprenta divinã.

165. A te teme de Dumnezeu, înseamnã înainte de toate a vedea, pe planul actiunii, consecintele în cauze, sanctiunea în pãcat, suferinta în eroare.

166. În teama de Dumnezeu, ca si în dragostea pentru el, existã un aspect contemplativ (o viziune) si un aspect volitiv (un act).

167. Caritatea trebuie vãzutã sub patru raporturi diferite: Dumnezeu, omul, individul si colectivitatea. Dragostea pentru Dumnezeu implicã dragostea pentru om, vãzut ca individualitate dar ca si colectivitate. Dumnezeu nu poate fi iubit urând concomitent omul. Dragostea pentru aproape fãrã dragostea pentru Dumnezeu este pasionalã, sau materialistã si egoistã.

168. Omul este fãcut dupã imaginea lui Dumnezeu. Deci cel care iubeste Principiul trebuie sã iubeascã de asemenea manifestarea Principiului.

169. Una dintre trãsãturile mondenilor este cã nu le place deloc sã se piardã singuri. Pentru ei, caritatea este sã împãrtãseascã cuiva pierderea lor.

170. Dragostea pentru Dumnezeu primeazã asupra dragostei pentru individ, la fel cum Absolutul primeazã asupra relativului. Dragostea pentru societate primeazã asupra dragostei pentru individ, la fel cum totalitatea e mai importantã decât partea.

171. Sfintenia nu este decât adecvarea între vointa omului si obiectul divin.

172. Societatea primeazã asupra individului doar în faptul cã ea reprezintã totalitatea în raport cu el, si nu în cazul invers în care individul, în loc sã fie parte, reprezintã principiul sau calitatea, colectivitatea nefiind atunci decât faptul brut, deci contingenta, chiar cantitatea.

173. Un profet, un sfânt sau un sef de nomazi poate trãi din toate punctele de vedere viata celor mai sãraci. Dar autoritãtile spirituale si temporale ce guverneazã marile popoare sedentare sunt obligate sã se izoleze într-un fast fãrã de care s-ar uita caracterul pozitiei lor. Acest fast de altminteri este pentru popor un caracter al credintei si al fortei, pentru cã exteriorizeazã mãretia si continuitatea natiunii, sau proximitatea Cerului.

174. Individul are o vointã proprie, el poate sã-i dea acesteia o directie si sã învingã astfel agentii coruptiei inerenti naturii umane. Dar colectivitatea este pasivã si inconstientã, vointa ei este nedeterminatã si multiplã, ea nu are în sine nici un principiu de omogenitate intelectualã sau moralã, si aceasta aratã eroarea umanitarismului care a înteles sã trateze colectivatea ca pe o fiintã omogenã, si chiar ca pe o fiintã esentialmente bunã si lucidã.

175. Foarte multi “idealisti” cer de la o colectivitate traditionalã sfintenia “timpurilor apostolice”, ca si cum o comunitate tardivã si imensã ar putea poseda o perfectiune generalã pe care doar un mic grup o poate realiza, impregnat de proximitatea istoricã a Verbului. Aceiasi “idealisti” trec ipocrit sub tãcere – fãrã a putea sã-si ofere ei însisi cea mai micã portiune de sfintenie – pe sfintii care au perpetuat pânã în zilele noastre perfectiunea originilor, acest lucru fiind cu atât mai facil cu cât se aboleste sfintenia pentru a fi înlocuitã cu un soi de “sinceritate” seacã si inoperantã.

176. Caritatea se îndreaptã asupra inamicului care ne urãste pe noi personal, si nu asupra celui care-l urãste pe Dumnezeu, asa cum o aratã exemplul Christului în relatia cu negustorii Templului.

177. Un lucru este moral dacã, din punct de vedere exterior este în acord cu existenta umanã, si din punct de vedere interior este în acord cu adevãrul ontologic. Este imoral în sine ceea ce se opune adevãrului pur si naturii umane ca atare.

178. Poligamia îsi are rãdãcina naturalã în unele aspecte ale inegalitãtii fiziologice dintre sexe si de asemenea în unele structuri politice, iar rãdãcina spiritualã în raportul Atmâ-Mâyâ: Atmâ este unicã în timp ce Mâyâ este multiplã. Monogamia, dimpotrivã, se bazeazã pe complementarismul sexual ca atare, deci pe raportul Purusha-Prakriti si pe cuplul primordial. Dar fiecare dintre aceste douã puncte de vedere îl înglobeazã pe celãlalt.

179. Caritatea existã plecând de la o manierã de a-l iubi pe Dumnezeu, aplicatia ei este afacere de vocatie, de oportunitate si de sensibilitate.

180. Existã în operele noastre de caritate, ca si în virtutile noastre, o otravã care nu este eliminatã decât prin convingerea cã Dumnezeu nu are nevoie de ele, si cã ele trebuie sã fie gratuite ca florile câmpului.

181. Nu trebuie sã restrângem darurile pe care le facem doar la nivelul material. Dacã Dumnezeu l-a îmbogãtit pe cineva la nivel intelectual, de exemplu, el trebuie sã ofere la nivel intelectual, astfel el oferã ceea ce i-a dat Dumnezeu.

182. Proverb: “Fã binele si aruncã-l în mare, dacã pestii îl înghit si oamenii îl uitã, Dumnezeu îsi va aminti de el.”

183. Pentru a face binele, trebuie sã fii bun. Pentru a da ceea ce este mai bun, trebuie sã stii cã ceea ce e mai bun nu vinde decât de la Dumnezeu.

184. Singuri sfintii dizolvã rãul la rãdãcinã, ceilalti nu fac decât sã-l mute de colo-colo.

185. Primul act de caritate de care este nevoie este sã debarasezi lumea de o fiintã rãufãcãtoare (adicã de tine). Trebuie sã faci vidul pe care Dumnezeu sã-l umple, iar prin aceastã plenitudine, sã dea. Sfântul este vidul care se face pentru trecerea lui Dumnezeu.

186. Dacã rugãciunea individualã este permisã prin toate Revelatiile, rugãciunea canonicã îsi marcheazã universalitatea si valoarea atemporalã exprimându-se cel mai adesea prin prima persoanã plural, si utilizând de preferintã o limbã sacrã sau liturgicã.

187. Rugãciunea individualã are ca scop nu doar obtinerea unor favoruri, dar si purificarea sufletului. Ea desface nodurile psihice, adicã dizolvã coagulãrile subconstiente si epuizeazã otrãvurile secrete. Ea exteriorizeazã dificultãtile, slãbiciunile si crispãrile sufletului, ceea ce presupune cã este veridicã si umilã, iar aceastã exteriorizare are virtutea de a restabili echilibrul si de a readuce pacea, cu alte cuvinte de a ne deschide gratiei divine.

188. Chiar si în rugãciunea ne-canonicã, omul trebuie sã exprime împreunã cu cererea: gratitudinea, resemnarea, regretul, hotãrârea, lauda.

189. Dacã cererea este un element capital al rugãciunii, este pentru cã nu putem nimic fãrã ajutorul lui Dumnezeu. O decizie nu oferã nici o garantie (ne-o aratã exemplul Sfântului Petru) dacã nu cerem ajutorul lui Dumnezeu.

190. Un alt mod de rugãciune este meditatia: contactul dintre om si Dumnezeu devine aici cel dintre inteligentã si Adevãr. Adevãrata meditatie este obiectivã si intelectualã. Scopul ei este cunoasterea, deci o realitate care depãseste egoul ca atare.

191. Omul merge fãrã teamã pe pãmântul drept, dar imaginatia îl poate împiedica sã facã un singur pas atunci când trebuie sã treacã deasupra unei prãpãstii.

192. Concentrarea purã este si ea o rugãciune, cu conditia de a avea o bazã traditionalã si de a fi centratã pe divin.

193. Existã o rugãciune în care Dumnezeu însusi este într-un fel subiectul, si anume pronuntarea Numelui divin revelat.

194. A reprosa Creatiei cã nu este perfectã revine a-i reprosa cã nu este divinã, adicã increatã.

195. Numele divin este “istm” metafizic (în sensul cuvântului arab barzakh): “vãzut dinspre Dumnezeu” este determinare, limitare, “sacrificiu”, vãzut dinspre om este eliberare, ilimitare, plenitudine.

196. Numele divin, invocat de cãtre om, este totusi pronuntat de cãtre Dumnezeu. Invocatia umanã nu este decât “exteriorizarea” invocatiei eterne si “interne” a Divinitãtii.

197. Un mijloc spiritual nu are sens decât în interiorul regulilor pe care i le conferã traditia care-l propune. Nu trebuie improvizat pe acest teren. De exemplu, iudaismul interzice oratia numelui lui Yahweh.

198. Neantul nu are nici fiintã nici existentã, desigur, dar el nu este lipsit de un fel de “directie” metafizicã, de ceva ce noi putem concepe si urma, fãrã a atinge vreodatã. “Rãul” nu este decât “neantul manifestat” sau “imposibilul fãcut posibil”.

199. Numele Christului înseamnã cã Dumnezeu a iubit lumea astfel ca lumea sã-l iubeascã pe Dumnezeu. Si pentru cã Dumnezeu iubeste lumea, omul trebuie sã-si iubeascã aproapele, repetând astfel pe plan uman dragostea lui Dumnezeu pentru lume.

200. Crestinismul este o reciprocitate volotivã între Cer si pãmânt, nu un discernãmânt intelectual între Absolut si relativ. Perspectiva crestinã: Subiectul s-a fãcut obiect, pentru ca obiectul sã devinã Subiect (ceea ce este definitia însãsi a misterului cunoasterii).

201. În islam nu existã sfintenie în afara esoterismului, în timp ce în crestinism nu existã esoterism în afara sfinteniei.

202. Islamul are ca punct de plecare nu natura noastrã decãzutã si pasionalã (cum are crestinismul), ci caracterul teomorf si inalterabil al umanitãtii noastre, deci ceea ce ne distinge de animal, adicã inteligenta obiectivã si în principiu nelimitatã.

203. Morala este asceza colectivitãtii, la fel cum asceza este morala individului.

204. A admite existenta unei relativitãti oarecare poate sã nu oblige la nimic, sau nu obligã decât la o pozitie relativã. În schimb, a admite Absolutul obligã la tot.

205. Mãrturisirea de credintã islamicã: la illaha illa Allah, Muhammeden rasullulah (Nu existã alt zeu, doar Allah, iar Muhammad este trimisul sãu.) În termeni hindusi: “Lumea e falsã, Brahma este adevãrat; orice lucru este Atma.”

206. Invocatia Numelui divin are trei axe: umilitatea, cãci ea este constiinta neantului nostru; secretul, cãci “inima” este sediul simbolic al Sinelui; “odihna inimii”, cãci numai în Dumnezeu gãsim Pacea.

207. Viata nu este, asa cum cred copiii si mondenii, un fel de spatiu plin de posibilitãti care se oferã plãcerii noastre. Ea este o cale ce merge, îngustându-se, din momentul prezent spre moarte. La capãtul ei este moartea si întâlnirea cu Dumnezeu, apoi eternitatea. Or, toate aceste realitãti sunt deja prezente în invocatia Numelui, în actualitatea atemporalã a Prezentei divine.

208. Natura umanã contine trei planuri: cel al vointei, cel al dragostei si cel al cunoasterii.

209. Vointa este scindatã într-un mod afirmativ (a sãvârsi) si un mod negativ (a se abtine).

210. Orice Cale începe printr-o “conversie”, o întoarcere aparent negativã a vointei, adicã o miscare indirectã spre Dumnezeu sub forma unei separatii interioare de falsa plenitudine a lumii. Acest recul corespunde treptei renuntãrii sau a detasãrii, a sobrietãtii, a fricii de Dumnezeu.

211. Prototipul divin al virtutii detasãrii este Puritatea, Impasibilitatea, Nemurirea.

212. Gnoza obiectivizeazã pãcatul raportându-l la cauzele sale impersonale, dar subiectivizeazã definitia pãcatului fãcând sã depindã calitatea de actul intentiei personale. Perspectiva moralã, dimpotrivã, subiectivizeazã actul identificându-l într-un fel de agent, dar obiectivizeazã definitia pãcatului fãcând sã depindã calitatea de actul formei sale, deci de o normã exterioarã.

213. Vointa implicã virtutile combative: decizia, vigilenta, perseverenta. Simbolul acestei trepte spirituale este, la om, sfânta mânie sau rãzboiul sfânt.

214. Trebuie învinsã lenea spiritualã, inadvertenta, visul – prin Prezenta divinã care “se încarneazã” în actul sacru (invocatia Numelui sub toate formele ei) si regenereazã astfel substanta individualã.

215. Dragostea are si ea un mod activ si un mod pasiv. Virtutea pasivã este fãcutã din multumirea contemplativã, deci si din rãbdare, este calmul a ceea ce se odihneste în sine, în propria ei virtute, este relaxarea generoasã, armonia, este odihna în Fiinta purã, echilibrul tuturor posibilitãtilor. Aceastã atitudine dezleagã nodurile sufletului, îndepãrteazã agitatia, împrãstierea, apoi crisparea, care este aspectul static complementar agitatiei.

216. Virtutea activã a dragostei este o tendintã pozitivã inversã, o “iesire în afarã” în mod activ, este fervoarea, credinta încrezãtoare si caritabilã, este fuziunea inimii în cãldura divinã, deschiderea spre Mizericordie, Viata esentialã, Dragostea infinitã.

217. Omul cãzut este: indiferent în ceea ce-l priveste pe Dumnezeu, egoist, avar, trivial.

218. Omul cãzut trãieste disolutia, în timp ce omul care experimenteazã fervoarea spiritualã trãieste lichefierea spiritualã a egoului.

219. Planul cunoasterii comportã un mod separativ si unul unitiv. Cunoasterea opereazã fie prin discernãmânt, fie prin identificare. Cunoasterea distinctivã separã irealul de Real: în aceastã perspectivã de discriminare metafizicã, subiectul este fals, doar Obiectul este adevãrat. Subiectul este individuatia, iluzia, limita. Obiectul este Principiul, Absolutul.

220. În cazul unitiv, spiritul poate “realiza Cunoasterea”, si atunci Subiectul este adevãrat si obiectul este fals. Nu mai existã discernãmânt, ci doar Lumina purã. Dispar iluzia separativã, eroarea de a crede cã ne identificãm cu “eul” empiric compus din experiente externe si interne, din imagini mentale si volitive, dispare si introducerea unei sciziuni în Real. Adevãrul este devenirea a ceea ce suntem, identificarea cu propria noastrã Esentã.

221. Prima perspectivã duce la “cunoasterea Fiintei”, a Realitãtii exclusive. A doua duce la “a fi Cunoasterea”, Constiinta indiferentiatã.

222. Sunt, deci sunt totul, principial si virtual. Fiinta mea ca atare este toatã Fiinta care este. La fel: cunosc, deci cunosc totul. Cunoasterea mea ca atare este toatã Cunoasterea care este. Totusi: cunoasterea mea individualã trebuie sã devinã fiintã, iar fiinta mea individualã trebuie sã devinã cunoastere, constiintã, ipseitate.

223. Planul vointei cuprinde treptele renuntãrii si a actului. Este un plan exoteric. Acestea sunt primele douã trepte ale întelepciunii.

224. Planul dragostei cuprinde treptele multumirii si a fervorii. Este fie un plan exoteric, fie un plan esoteric. Acestea sunt a treia si a patra treaptã a întelepciunii.

225. Planul cunoasterii contine întelegerea doctrinalã si întelepciunea unitivã. Este un plan esoteric. Acestea sunt ultimele douã trepte ale întelepciunii.

226. Crestinismul este fondat pe renuntare (nivelul volitiv) si fervoare (nivelul dragostei).

227. Islamul este fondat pe act (nivelul volitiv) si multumire (nivelul dragostei).

228. Fiecare traditie contine, într-un mod sau altul, toate cele sase trepte ale întelepciunii.

229. Islamul rãspunde unei lumi întelese ca diviziune, neliniste, schimbare.

230. Crestinismul rãspunde unei naturi neputincioase si pãcãtoase, a cãrei vointã este cãzutã.

231. Budismul rãspunde unui spectacol al suferintei si al instabilitãtii universale.

232. Toate marile experiente spirituale concordã în acest punct: nu existã nici o mãsurã comunã între mijloacele puse în operã si rezultatul obtinut.

233. În realitate, ceea ce-l separã pe om de Realitatea divinã este o pojghitã subtire: Dumnezeu este infinit de aproape de om, dar acesta este infinit de departe de Dumnezeu. Aceastã pojghitã, pentru om, este un munte: omul stã în fata muntelui pe care trebuie sã-l îndepãrteze cu propriile sale mâini. El sapã pãmântul, dar degeaba, muntele e tot acolo. Totusi omul continuã sã sape în numele lui Dumnezeu. Si muntele dispare. Nici nu a fost vreodatã acolo.


Read more!

Paul Barba-Négra, Congrès René Guénon, en guise d’ouverture, (note de lectura)





Publié dans René Guénon (1886-1951). Colloque du Centenaire, Le Cercle de Lumière, 1993.

Ce Congrès a pu avoir lieu avec l’aide de M. Louis Pauwels, directeur du Figaro-Magazine, M. Patrice de Plunkett, rédacteur en chef, et Mme Hélène Renard.

Pourquoi ce Congrès? Rendre hommage à la mémoire de René Guénon signifiait honorer la dette envers celui qui nous a aidés à traverses les difficultés et les pièges du monde moderne.

Guénon est iremplaçable quant à dépasser les effets dévastateurs d’une éducation réductionniste: « Soumise à l’oubli et limitée habituellement à l’idéologie ou dans les meilleurs des cas à la culture, cette éducation institutionnalisée et désorientée a prolongé, jusqu’au cœur de notre génération, l’effet “réducteur de têtes” initié par le Siècle des Lumières et orchestré avec une grande conviction et une immense “générosité” par l’époque de Jules Ferry. » (p. 10)

« En honorant cette dette, nous désirions en même temps souligner le fait que, envers et contre tous, René Guénon a eu raison. Au nom de cette vérité, devenue aujourd’hui indiscutable, nous ne voulons ni condamner ni critiquer. Nous voulons témoigner sans haine, avec le sentiment qu’au fond nous sommes tous à la fois victimes et coupables. » (p. 10)

Nous sommes tous des “fils à Dada”, des petit-fils de Jules Ferry et arrière-petit-fils de Voltaire: « somme toute, les arrière-petits-fils “arriérés” d’une éclipse qui a commencé avec l’aveuglement du Siècle des Lumières.” (p. 10)

Les lignes qui sous-tendront les conférences seront:
a) l’actualité de l’œuvre de Guénon et son influence croissante;
b) la redécouverte du sacré, en somme sa remémorisation, comme dimension consubstancielle de l’Etre, et cela, non dans les Eglises, où le sacré a été naturellement et continuellement présent, mais dans l’ensemble de la société, la culture, la science, les arts, le monde universitaire, et dernièrement, dans les mass-médias;
c) la rencontre des grandes religions à Assise (devenue ainsi capitale spirituelle du monde).

Le 27 octobre 1986, à l’appel du pape Jean-Paul II, et pour la première fois dans l’histoire, les responsables des plus grandes religions du monde sont réunis à Assise pour une journée de prière. Selon la formule de Jean-Paul II, “il ne s’agissait pas de prier ensemble, mais d’être ensemble pour prier”.

« Guénon ne conduit pas à Guénon. Guénon va au-delà de lui, à travers toutes les religions, vers la vérité unique et primordiale qui est Dieu. La sagesse de son œuvre condamne tout “dogmatisme guénonien” et tout enkystage dans les limites aliénantes d’une “école”. Trasparent, il nous invite à redécouvrir les racines profondes de chacune de nos propres religions. » (p. 12)


Read more!

René Guénon, Haosul social (traducere de Radu Iliescu)

O elitã veritabilã, noi am spus-o deja, nu poate fi decât de naturã intelectualã. Din aceastã cauzã “democratia” nu se poate instaura decât acolo unde intelectualitatea purã nu mai existã, situatie care existã efectiv în cazul lumii moderne. Atâta doar cã, dat fiind faptul cã egalitatea este imposibilã în practicã, si cum nu se pot suprima practic toate diferentele dintre oameni, în ciuda tuturor eforturilor de nivelare, se ajunge, printr-un curios ilogism, la inventarea falselor elite, altminteri multiple, care pretind cã se substituie singurei elite reale. Aceste false elite sunt bazate pe consideratii tinând de diverse tipuri de superioritate, eminamente relative si contingente, si întotdeauna de ordin pur material. Oricine poate cu usurintã sã-si dea seama de fundamentul acestor lucruri remarcând cã distinctia socialã care conteazã cel mai mult în prezenta stare de lucruri este cea fondatã pe avere, adicã pe o superioritate complet exterioarã si de ordin exclusiv cantitativ, singura în cele din urmã care poate fi conciliabilã cu “democratia”, pentru cã îsi are baza în acelasi punct de vedere. Vom adãuga apoi cã însisi cei care se afirmã acum ca adversari ai acestei stãri, nefãcând sã intervinã vreun principiu de ordin superior, sunt incapabili sã remedieze eficace o asemenea dezordine, ba chiar riscã sã o agraveze si mai tare mergând încã si mai departe în acelasi sens. Confruntarea se dã doar între variante de “democratie”, accentuând mai mult sau mai putin tendinta “egalitarã”, care este, asa cum noi am spus-o, una dintre varietãtile individualismului, ceea ce, de altminteri, are la bazã departajãri iluzorii.

(fragment din La crise du Monde Moderne, Gallimard).


Read more!

Jean Borella, René Guénon et la Crise du Monde Moderne, (note de lectura)





Publié dans René Guénon (1886-1951). Colloque du Centenaire, Le Cercle de Lumière, 1993.
Définition de la crise sociétaire: « Une société est en crise, non quand elle connaît des tensions internes ou des agressions externes, mais lorsque les institutions et les règles qui la constituent et qui sont chargées d’assurer la vie du groupe humain représentent elles-mêmes une source de difficultés et s’opposent à la satisfactions des besoins auxquels elles devaient répondre. » (p. 15)
La crise sociétaire a deux causes:
a) les principes qui inspirent les institutions ont perdu leur force;
b) toute structure institutionnelle s’est durcie et a engendré des structures chargées de remédier aux défauts des structures premières.
« La force propre de la loi est en effet inversement proportionnelle à la force intrinsèque du principe, c’est-à-dire à son immanence dans le cœur et l’intelligence des hommes quand ils se soumettent spontanément à la norme. » (p. 15-16)
Au paradis terrestre il n’y avait pas de loi, mais l’immanence de la norme dans l’être adamique est presque totale.
Avec la chute, l’immanence de la norme est disparu, et la société est venu pour imposer ses restrictions. Plus la chute continue, plus les possibilités inférieures de l’homme font leur apparition. Les lois prolifèrent, en tâchant de combler par leur multiplication le vide qu’engendre l’effacement des principes dans le cœur humain. Avec les lois apparaissent les contraintes. Vient un moment où les contraintes sont supérieures aux bénéfices qu’ils devaient procurer. Toute l’énergie sociale s’emploie à remédier aux défauts du système et non plus à répondre aux besoins permanents de la vie des hommes. C’est la crise.
Trois conséquences essentielles du concept de crise:
a) une crise est toujours interne à une société donnée;
b) une crise est un jugement (c’est le sens du mot krisis en grec: triage, choix discrimination);
c) la crise se produit lorsque les tensions équilibrées que la société avait établies entre ses principes inspirateurs et ses règles instituées se transforment et s’activent en conflits, comme si la dialectique du Ciel et de la terre, de l’Amour et de la loi, de l’inspiration et de la discipline, comme si cette dialectique devenait folle.
« C’est une sorte de jugement immanent: la société en crise révèle nécessairement la vérité sur elle-même. » (p. 16)
Le sens de l’histoire ne se donne jamais tel quel et demande toujours à être déchiffré et reconnu.

Les trois moments de la critique guénonienne du monde moderne
Il existe trois axes de la critique guénonienne du monde moderne:
a) Orient et Occident, en 1924, construit sur l’opposition, dans l’espace, de l’Orient et de l’Occident;
b) La crise du monde moderne, en 1927, construit sur l’opposition, dans le temps, du monde traditionnel et du monde moderne;
c) Le règle de la quantité et les signes des temps, en 1945, construit sur l’opposition, dans l’être, de la qualité et de la quantité.
« […] le déroulement du temps s’effectue comme le parcours d’un cycle dont l’origine se situe dans le principe divin et dont le mouvement consiste au fond à épuiser successivement toutes les possibilités d’éloignement à l’égard de ce principe. Il arrive donc un moment où la force sattvique d’attraction que le Principe exerce sur les réalités manifestées cesse progressivement de prévaloir sur la force tamasique d’éloignement, ces deux forces agissant en sens contraire sur le diamètre rajasique de la roue cosmique afin de la faire tourner. Alors, son mouvement s’accélère de plus en plus, la forme sattvique freinant de moins en moins l’attraction vers le bas. Mais, bien évidemment, la roue cosmique s’immobilise lorsque sattva devient nul. » (p. 17-18)
La crise du monde moderne (1927), de René Guénon, a des correspondants dans:
a) Malaise dans la civilisation (1928) de Sigmund Freud;
b) Regards sur le monde actuel (1931) de Valéry;
c) La grande-peur des bien-pensants (1931) de Bernanos;
d) La crise des sciences européennes (1935) de Husserl.

Signification et fonction de la critique de Guénon
« Le Sheykh Abd El-Wahid n’est pas un sociologue s’abandonnant aux charmes de ses constructions théoriques, c’est un pourfendeur d’idoles. Le but poursuivi n’est pas mince et il est d’ailleurs avoué: il s’agit de faire disparaître le monde moderne. Il écrit, dans les dernières pages de son deuxième livre, cette phrase extraordinaire: « si tous les hommes comprenaient ce qu’est vraiment le monde moderne, celui-ci cesserait d’exister. » (p. 19)
Le but de Guénon peut être resumé dans l’ancienne formule initiatique: “Vincit omnia Veritas”. La Vérité n’est pas envisagée comme le repos de l’intelligence dans la paix de l’être, mais comme une arme, et même comme la seule arme victorieuse.
« Sans mettre en question la supériorité intrinsèque de la contemplativité orientale, il est permis cependant d’observer que l’Orient comporte aussi ses imperfections et ses manques, et nous n’en citerons qu’un seul exemple, exemple qu’aucun guénonien ne saurait contester: c’est un fait que la quasi-totalité des Hindois croit, dur comme fer, à la réincarnation, qui est, pour Guénon, une hérésie métaphysique: c’est un autre fait que la quasi-totalité des Chrétiens n’y croit pas, et donc que sur ce point ils se situent à un niveau doctrinal supérieur à celui des Orientaux. » (p. 20)
« Toute critique est un savoir de l’illusion. Mais le savoir de l’illusion n’équivaut pas à sa disparition. Certes, le monde moderne disparaîtrait si tous les hommes en apercevraient la vraie nature. Mais cette supposition ne se réalisera pas. Seul, un petit nombre d’esprit entreront dans cette connaissance. Et c’est justement pourquoi cette connaissance est aussi redoutable que salvatrice. » (p. 21)
Les idoles semblent se rire de nos lucidités.
« Nous introduire dans le savoir du kâli-yuga, c’est assurément nous protéger, mais au moyen d’une clôture invisible et immatérielle. C’est en nous-même qu’elle est dressée, tandis que notre vie quotidienne et extérieure continue de se dérouler au milieu des impies. » (p. 21)

Du bon usage spirituel de la critique guénonienne
Il existe une analogie profonde entre la voie de la discrimination métaphysique entre le Réel et l’illusoire, et la voie de la critique de la modernité qui délivre l’esprit des erreurs de l’actualité.
La critique de la modernité est le premier moment d’un jnâna-yoga dont les siècles anciens n’avaient sans aucun doute aucun besoin.
Nous ayant éveillés à la conscience de la misérable indigence du temps présent, la critique guénonienne nous permet de mesurer, à la petitesse de ce qui nous reste, la grandeur de ce que nous avons perdu.
« Quand, dans la paix d’une civilisation traditionnelle, un homme entreprend le voyage de l’Esprit, et qu’il cherche à se déprendre de l’illusion d’un monde qui se donne pour la seule réalité, ce qui demeure, une fois traversé le voile de Mâyâ, c’est Atma, le Soi divin. Lorsque l’homme d’aujourd’hui entre dans la connaissance du monde moderne, ce qui reste, quand il a traversé l’illusion de la modernité, c’est encore le monde. Et trop souvent, oubliant que le voyage n’est même pas commencé, et qu’il faut laisser les morts enterrer les morts, nous retournons vers cette modernité que nous venons de quitter pour l’accuser encore. Craignons alors, comme la femme de Lot fascinée par Sodome et Gomorrhe sous le soufre et le feu, d’être pétrifiés en statue de sel. » (p. 22)
« On le voit, le bon usage d’une critique de la modernité est moins évident qu’il n’y paraît. Pour nous en avertir, il suffit du reste de rappeler cette étonnante parole du Prophète Muhammad: “N’insultez pas au siècle, car le siècle lui-même est Dieu”. Autrement dit, ce qui nous est demandé, c’est un effort de discrimination objective et subjective: rejeter l’erreur sans haïr les hommes. Ce monde dont nous refusons les mensonges et les impostures, implacablement, c’est aussi le nôtre, c’est le temps de notre vie, celui que Dieu nous a donné pour notre bonheur et notre sanctification. » (p. 22)
Pour échapper à l’illusoire suffisance d’une critique de l’illusion il faut tenter de définir ce que pourrait être une spiritualité de la critique.
Le combat mené est celui de la vérité. « Si la vérité vainc tout, ce n’est pas qu’elle soit plus forte, c’est qu’elle dépasse toute opposition et tout plan d’existence. Elle les dépasse sans avoir d’effort à fournir, par elle-même et la simple réalité de son essence. C’est nous, serviteurs inutiles de la vérité, qui combattons. » (p. 22)
« Le combat que nous menons est contre nos propres ténèbres. Par le simple fait que la lumière se fait dans un esprit, le monde moderne tout entier vacille. » (p. 23)
La critique de la modernité nous instaure prophètes du présent. Notre refus de la modernité ne résulte ni de la haine ni de l’ignorance.
Toute voie spirituelle est retour à l’Origine, remontée du temps, réminiscence de l’acte créateur par lequel Dieu nous enfante.
« La critique que Guénon a faite de la modernité est elle-même un signe des temps. Sa vérité est telle qu’elle a rompu, pour beaucoup de ses lecteurs, les charmes les plus puissants des idoles quotidiennes. Mais si nous voulons qu’elle soit autre chose qu’une idéologie du rejet face aux idéologies d’acquiescement, autre chose qu’une amertume lucide au milieu des enivrements ténébreux, nous devons la laisser nous enseigner sa vérité profonde qui est de nous restituer à notre enfance la plus transcendante. » (p. 23)

Réponses Jean Borella
Sur la supériorité de l’homme qui vit dans la société moderne: « Nous avons une supériorité, toute relative, sur l’homme des civilisations traditionnelles. Car nous savons à quoi nous en tenir sur un certain nombre de révoltes anti-traditionnelles, et sur les conséquences qu’elles entraînent. Nous sommes plus aisément conscients, et donc il est vrai que cette crise élève d’une certaine manière le niveau de conscience de l’être humain; nous sommes plus conscients des aspects limités de la manifestation. » (p. 25-26)
Sur l’existence dans la société traditionnelle: « L’existence, dans une civilisation traditionnelle, avait une quantité d’intensité, de joie, d’enthousiasme, de vivacité, tout à fait extraordinaire, qualité dont témoigne par exemple chez nous l’existence des cathédrales. Je prends cet exemple, je pourrais prendre aussi celui du chant grégorien. Il est absolument évident que le peuple qui a construit Chartres est un peuple qui vit dans une jubilation que nous ne connaissons plus. » (p. 26)
Sur la relation d’un guénonien avec la vie moderne: « Mon expérience, relative, qui commence à avoir un certain nombre d’années de vie guénonienne derrière elle, m’a appris ceci, c’est que quand on lit Guénon très jeune, on se pose inévitablement la question de la rupture totale avec le monde moderne. Et l’on se met à chercher un métier qui ne nous oblige à pactiser avec le diable. Quand j’avais vingt ans s’est présentée la solution “Lanza del Vasto”, c’est-à-dire un rejet total du monde moderne; mais ce n’était pas cela que Guénon semblait favoriser. Par la suite, j’ai constaté que la plupart des jeunes autour de moi, qui ont lu Guénon, se posaient toujours le même problème. C’est une question à laquelle, selon moi, il n’y a pas de réponse théorique, il faut vivre avec le monde moderne, il faut faire ce que l’on doit faire, là où l’on est, il faut se trouver un métier, il faut… etc. Et puis, composer, souffrir. C’est une croix, parce que si la critique de Guénon nous ouvre les yeux, elle ajoute aussi à la difficulté que nous avons à vivre le quotidien: bien sûr, elle nous aide, mais elle rend aussi plus radical notre rejet de la modernité. » (p. 26-27)
Sur l’erreur de Julius Evola: « L’erreur d’Evola c’est de croire qu’il faut accélérer le processus de dissolution en activant les forces négatives. La politique du pire est la pire des politiques. Par ailleurs, une telle entreprise me paraît bien romanesque. » (p. 27)
Le roi moderne est nu.
Sur le discernement et ses implications spirituelles: « La pratique du discernement dans notre vie quotidienne à l’égard de multiples formes de la subversion moderne est en elle-même un exercice spirituel, en même temps qu’elle nous isole dans une sorte de clôture invisible. L’homme n’a rien de plus à donner que lui-même. Nos contemporains donnent leur âme à tous les diables du modernisme, avec une totale insouciance, comme si cela ne comptait pas. La critique nous apprend non seulement que le monde actuel est laid et faux, mais que notre âme est sacrée, qu’elle est un sanctuaire divin. C’est une grâce inestimable que d’entrer dans ce discernement. » (p. 28)
L’un des signes de la décadence du monde moderne est la crise des institutions religieuses, que Guénon semble ne pas avoir imaginée.
« Si le prophète est celui qui annonce la Parole de Dieu, alors tout métaphysicien authentique est prophète. Si l’on entend par là celui qui voit les événements futurs, alors on peut dire que René Guénon, en plaçant son lecteur in Principio, ab Origine, introduit entre celui-ci et le moment présent qu’il est en train de vivre, toute la distance temporelle du déroulement cyclique. En vérité et en réalité, nous sommes, par la connaissance, à l’origine et au commencement. En même temps, et grâce à cette connaissance, nous assistons, sans y être entraînés, au développement des ultimes possibilités cycliques, comme s’il n’était pour nous qu’une vision prophétique.» (p. 29-30)
« Il est dit qu’à la fin des temps, le 10-ème de la Loi suffira au salut de l’homme. C’est là un effet de la miséricorde divine et un aspect des mystérieuses compensations que comporte toute situation. » (p. 30)
Saint Augustin: « Nullae leges sine moribus, Nullae mores sine legibus. »
Sur l’invocation du nom de Jésus en christianisme: « Cependant la tradition latine diffère de la tradition hésychaste. La tradition hésychaste, en effet, est celle de la “prière du cœur” et consiste dans la recherche du lieu du cœur afin d’y introduire la prière. Elle s’accompagne d’une méthode analogue aux techniques du yoga (contrôle du souffle, en particulier) et exige la direction d’un Père spirituel. La relation au Père fait partie de la voie. La tradition latine ne comporte pas d’aspect “technique”. Elle est entièrement fondée sur la grâce du Nom lui-même, et c’est pourquoi elle consiste essentiellement dans la répétition du Nom de Jésus ou des Noms de Jésus et de Marie. Le Nom, dans son essence, est identique au Nommé. Dire (dans les conditions requises) “Jésus”, c’est d’une certaine manière actualiser la présence du Christ, et, réciproquement, nous rendre présents au Christ. Il s’agit donc de faire confiance à la grâce du Nom. C’est ce que dit l’évangile: “là où deux ou trois seront réunis en mon Nom, Je serai au milieu d’eux.” “Deux ou trois” peut signifier “deux ou trois chrétiens”, ou, ésotériquement, “l’âme et le corps” ou “l’esprit, l’âme et le corps”. Dans cette voie, on ne recherche pas le lieu du cœur, on se met en présence de Dieu par la médiation de son Nom. Cette forme d’invocation se situe donc dans une perspective eucharistique dont elle est le prolongement sacramental. On dit à la messe (traditionnelle): “Je prendrai le Pain céleste et j’invoquerai le Nom du Seigneur”. C’est pourquoi cette voie ne comporte pas de “Père Spirituel”. L’autorisation pour invoquer ce Nom est donc l’efficacité de la grâce qu’il communique est donnée par l’Eglise elle-même à tout baptisé. » (p. 32-33)


Read more!

Frithjof Schuon, L’esprit d’une œuvre, (note de lectura)

Paru dans Planète, no 15, avril 1970.

La définition de l’œuvre de Guénon tient en quatre mots: intellectualité, universalité, tradition, théorie. Elle a exposé quatre grands sujets: la doctrine métaphysique, les principes traditionnels, le symbolisme et la critique du monde moderne.

Le mérite de Guénon en ce qui concerne la doctrine métaphysique est non seulement de l’avoir exposée, mais surtout d’en avoir expliqué la vraie nature. « C’est là qu’est le grand mérite de la thèse guénonienne: d’avoir rappelé ce que la pensée moderne, à l’instar de la pensée « classique », a oublié ou voulu oublier, à savoir la distinction essentielle entre l’intuition intellectuelle et l’opération mentale ou, en d’autres termes, entre l’intellect, qui est universel, et la raison, qui est individuelle et même spécifiquement humaine. » (p. 35)
La plupart des philosophies partent d’une sorte de cécité axiomatique, d’où leurs hypothèses, leurs calculs, leurs conclusions, toutes choses inconnues en métaphysique pure, la dialectique de celle-ci étant fondée sur l’analogie et le symbolisme.

« La doctrine métaphysique n’est autre, au fond, que la science de la réalité et de l’illusion, et elle se présente, à partir de l’état terrestre, - donc avec son extension cosmologique, - comme la science des degrés existentiels ou principiels, suivant les cas: elle distingue d’une part entre le Principe et la Manifestation – ou « Dieu » et le « Monde » - et d’autre part, dans le Principe même, entre l’Etre et le Non-Etre, ou en d’autres termes, entre le Dieu personnel et la Divinité impersonnelle; dans la manifestation, la métaphysique – devenue alors cosmologie – distinguera entre l’informel et le formel, ce dernier se divisant à son tour en deux états, subtil ou animique l’un et grossier ou corporel l’autre. » (p. 36)

La tradition est ce qui rattache toute chose humaine à la Vérité Divine.

Le symbolisme s’impose parce que l’expression naturelle et universelle de la métaphysique est le symbole.

« Le symbolisme a deux avantages sur la raciocination: premièrement, loin de s’opposer artificiellement à ce qu’il exprime, il en est, au contraire un aspect ou une « incarnation »; deuxièmement, au lieu de ne suggérer qu’un seul aspect de telle réalité, il en manifeste plusieurs à la fois et présente les vérités dans leurs diverses connexions métaphysiques et spirituelles, ouvrant ainsi à la contemplation des « dimensions » incommensurables. » (p. 36)


Les principes immuables dans une inépuisable diversité

Le rôle de Guénon a été de poser des principes plutôt que d’en montrer l’application.


Le rôle de Guénon: transmettre

Si l’œuvre guénonienne a, sur le plan doctrinal, un caractère d’unicité, il n’est peut-être pas inutile de spécifier que cela ne tient pas à une nature plus ou moins « prophétique », mais à une conjoncture cyclique exceptionnelle dont l’aspect temporel est cette « fin d’un monde » que nous vivons, et dont l’aspect spatial est le rapprochement forcé des civilisations. On peut dire que pour l’Occident, Guénon est l’interprète providentiel de cette conjoncture, du moins sur le plan doctrinal.

« Le théoricien en tant que tel s’efface, par définition, derrière la doctrine; rien ne serait plus injuste que de la lui reprocher, et d’attendre de lui un autre argument que la vérité doctrinale. Il nous paraît sans objet, par conséquent, de parler de la personne de Guénon, et nous nous bornerons à relever l’impression d’effacement et de simplicité qu’il nous fit lors de toutes nos rencontres. L’homme semblait ignorer son génie, comme celui-ci, inversement, semblait ignorer l’homme. » (p. 37)


Read more!

Federico Gonzales, Bref sur la confusion entre l’œuvre de Guénon et celle de Schuon, (note de lectura)

Publié dans la revue Vers la TRADITION, Nº 74 "A propos de Frithjof Schuon" (Décembre 1998 - Janvier - Février 1999).

Beaucoup de gens associent l’œuvre des deux auteurs, en faisant du deuxième un continuateur du premier. En fait, il y a plusieurs discordances entre les deux approches traditionnelles.

Certaines contributions de Schuon semblent avoir été faites pour se séparer de l’œuvre de Guénon. Tel est le cas de l’article Mystères christiques, qui parlent de l’efficacité initiatique des sacrements chrétiens.

L’article contient quelques fragments contenant des reproches faites de Schuon à Guénon.


Read more!

Bibliographie de Jean Biès





Né à Bordeaux en 1933, Jean Biès fait ses études de Lettres Classiques aux Facultés d’Alger, puis de Paris.

Il soutient en 1965 une thèse de doctorat de troisième cycle consacrée à René Daumal, et en 1973 une thèse de doctorat d’Etat sur les rapports de la Littérature française et de la Pensée hindoue (Prix de l’Asie, de l’Académie des Sciences d’outre-Mer).

Sa carrière d’enseignant se double d’une carrière d’écrivain. Il a de bonne heure révélation de l’Orient à travers René Guénon, séjourne au Mont Athos, parcourt l’Inde. Il rencontre des représentants des doctrines initiatiques, dont Frithjof Schuon, auxquelles il consacre plusieurs essais. Son œuvre se fonde sur la quête d’une sagesse à la fois fidèle à la tradition, soucieuse de la traversée pratique d’une époque particulièrement difficile, et d’une urgente préparation de l’avenir.

A travers des genres différents, Jean Biès met l’essentiel de sa démarche dans cette préoccupation majeure: rendre l’âme à un monde qui l’a perdue.

Bibliographie sélective:
Mont Athos, Albin Michel, 1963;
Empédocle d’Agrigente, Editions Traditionnelles, 1969;
Littérature française et Pensée hindoue, C. Klincksieck, 1973/1992;
L’Inde, ici et maintenant, Dervy-Livres, 1979; Terre du Ciel, 1993;
Athos, Voyage à la Sainte Montaigne, Dervy-Livres, 1980;
Passeports pour des Temps Nouveaux, Dervy-Livres, 1982;
Retour à l’Essentiel, Dervy-Livres, 1986;
Art, Gnose et Alchimie, Le Courrier du Livre, 1987;
L’Initiatrice, Edit. Jacqueline Renard, 1991;
Quelles solutions spirituelles à la Crise de l’Enseignement?, Edit. du Rocher, 1993;


Read more!